domingo, 1 de mayo de 2011

EN TORNO A LA ESCRITURA

“La lectura y la escritura se constituyen en instrumentos de formación de seres capaces de otro destino, capaces de otra vida, capaces de otro tiempo, con un pensamiento capaz de otro pensamiento...”
J. Larrosa


Al igual que la lectura, la escritura representa un medio de expresión que requiere el dominio de ciertas habilidades y destrezas las cuales se consolidan sólo con la práctica. Si bien es cierto que la escuela es el lugar de encuentro formal entre el niño y la escritura, también es cierto que es el contexto social quien determina el verdadero uso del código escrito. En consecuencia, familia y sociedad favorecen el desarrollo de la lectura y la escritura.
En relación a la labor de la escuela en la enseñanza de la lectura y la escritura puede decirse que en las últimas décadas la misión de la institución educativa ha creado una distancia significativa entre los estudiantes y sus procesos de aprendizaje de la lectura y la escritura, quedando en el olvido la verdadera esencia comunicativa de ambas actividades. Por otra parte para la institución escolar parece que aún no es claro que escribir y leer son actividades que poseen características muy particulares, sobre todo a la hora de ser planificadas y evaluadas por los docentes No obstante escribir y leer como aspectos del lenguaje humano son sistemas sociales que se construyen paralelamente. Haciendo particular referencia a la escritura, pienso que las razones que sustentan la enseñanza de la misma en la escuela básica tradicional obedecen más a una necesidad académica que a una necesidad comunicativa. Dicho en otras palabras, al hablar de los intereses comunicativos de los alumnos, la realidad apunta con mayor relevancia el uso de la oralidad como medio de intercambio comunicativo que el uso de la escritura como instrumento de comunicación. La cultura escrita posee un nivel de formalidad mucho más estricto y tardío que la cultura oral. Sin embargo, pienso que no es el único factor que justifica la poca importancia que tiene la escritura como medio de expresión en todas las etapas del sistema educativo. En tal sentido, la realidad señala que son muchos los obstáculos que debe enfrentar un estudiante cuando utiliza la escritura para comunicarse. En primer lugar, la tradición castiga al estudiante que no hace un buen uso de la ortografía, creando por consiguiente, la idea que escribir es sólo un mecánico de reglas ortográficas. La consecuencia de dicho acto, crea una barrera que impide al alumno apropiarse de la lengua escrita. En segundo lugar, la tradición escolar determina que el uso de la escritura sólo obedece a fines académicos que en nada se relacionan con los intereses cotidianos del estudiantado. Por tal motivo, la concepción educativa de la escuela tradicional se aleja de las necesidades básicas que fundamentan el valor de la escritura en la comunicación humana. Dicho en otras palabras, la escritura no representa un acto de creación y de expresión. La verdadera función de la escuela en la enseñanza de la escritura debería fomentar más allá de los objetivos académicos, la creatividad y la necesidad de comunicar con efectividad. En este sentido, Tonucci (1993) plantea que “la escuela debe reencontrar su función específica, por otra parte insustituible, que consiste en permitir que un grupo de alumnos, en dinámica confrontación y cooperación recíproca, junto con adultos competentes, en un lugar adecuado, desarrollen a los máximos niveles posibles las capacidades de cada uno, elaborando sus propias experiencias y utilizando todos los lenguajes (de los expresivos a los formales) y todas las dimensiones de su propia personalidad (emotivas, creativas, lógicas)” (p.12). Por el contrario, la práxis de la escuela tradicional ve en la escritura una actividad restringida limitada a la enseñanza de códigos y reglas de acentuación y ortografía.. Si bien es cierto que escribir supone una serie de aspectos mecánicos, también es cierto que escribir exige el desarrollo de un pensamiento reflexivo acorde a ciertos intereses socioculturales. Para Daniel Cassany, escribir es un proceso complejo en el que “se debe cuidar tanto la ortografía como la estructura del texto y que se puede escribir igual de bien con un estilo formal que con uno coloquial” (p.260). Para ilustrar los comentarios anteriores, Cassany sostiene que “creer que se tiene que usar siempre un lenguaje formal y complejo supone añadir dificultades al acto de escribir, y al final, puede conducir a la frustración y al desinterés” (p.260). Un ejemplo de ello es la práctica educativa de la escuela venezolana, la cual señala que año tras año, un sin número de estudiantes egresan de las instituciones educativas conociendo medianamente ciertos aspectos formales de la escritura y al mismo tiempo, desconociendo su verdadero valor de uso. No obstante, es importante señalar que la enseñanza de la escritura en todos los niveles educativos obviamente debe contemplar dentro de los planes de estudio, el aprendizaje del sistema y de las reglas utilizadas para escribir. Al hablar de los aspectos formales propios de la escritura Daniel Cassany también enfatiza que existen una serie de microhabilidades que los estudiantes deben desarrollar en el transcurso de la vida escolar. Las habilidades motrices corresponden más a los primeros niveles de enseñanza y las habilidades cognitivas pertenecen más a los últimos sin negar la presencia de éstas en los niveles iniciales. Desafortunadamente, la tradición escolar al parecer, desconoce la importancia que tiene desarrollar la creatividad y el pensamiento crítico en todos los niveles educativos, incluyendo los niveles iniciales.
En lo concerniente al enfoque didáctico de la escritura, quizás son muchas las tendencias y posturas que den respuesta a la manera de concebir la enseñanza de ésta en la educación básica, media y superior. Retomando la idea expuesta al inicio del texto, la tradición señala que el enfoque del método analítico es quizás uno de los más difundidos por los docentes. La evaluación de la escritura bajo ese enfoque, se centra fundamentalmente en el uso de la gramática y la ortografía que al uso de la creatividad y los intereses particulares al momento de escribir. En consecuencia, el número de estudiantes motivados a escribir cada vez es más bajo. Para ejemplificar tal consideración, Pilar Figueroa comenta a través de Arellano (1998) que este tipo de práctica educativa le confiere mayor importancia a los aspectos formales del producto escrito, tales como: la caligrafía, la ortografía, la puntuación y la sintáxis en desmendro de la composición y la producción de ideas (p.19).Por tal motivo, la enseñanza de la escritura en la escuela tradicional se centra en la repetición de contenidos y en el desarrollo de situaciones de aprendizaje descontextualizadas.
No son los enfoques holísticos y los métodos interactivos los que predominan en la enseñanza de la escritura de la escuela tradicional. En párrafos anteriores, la concepción de una educación que limita el aprendizaje de la escritura a través de una forma enseñanza basada en el conductismo, ilustró la problemática originada a partir del uso excesivo de una evaluación centrada en el producto. Por el contrario, los enfoques que responden a los métodos interactivos, dan mayor importancia a la escritura como proceso que a la escritura como producto. En otras palabras, al evaluar los procesos de escritura desde una concepción constructivista, el alumno es consciente del desarrollo de sus habilidades como escritor además de que utiliza sus deficiencias para reconstruir su escrito. Es por ello, que en los procesos de escritura se deben evalúar las fortalezas y las debilidades de los elementos que intervienen en el mismo, dando singular atención a las etapas de revisión, corrección y reescritura del texto. Por tal motivo, escribir es una actividad que sugiere una dinámica integradora de muchos elementos. Al respecto, Lucía Fraca de Barrera (2003) comenta que la evaluación de la escritura dentro de la concepción costructivista posee ciertas características básicas a ser consideradas. La autora refiere que la evaluación, debe concebirse como multifuncional y cíclica y al mismo tiempo continua y multifacética. También señala que el rol del docente en la educación conductista a la hora de calificar consiste en “juzgar el grado de suficiencia o insuficiencia de los conocimientos demostrados por un alumno en un examen o ejercicio” (p.208). En oposición a ello, Fraca propone que “la calificación debería expresar la opinión del que califica sobre el conocimiento del calificado y a su vez debe contemplar ciertos aspectos cualitativos centrados más en los logros que en las deficiencias. La revisión de la escritura no tiene como objetivo penalizar al estudiante. Por el contrario, consiste en afianzar sus logros mediante mensajes de aliento y motivación y en redimensionar sus ineficacias en el logro de un aprendizaje efectivo y consciente” (p. 216).
A mi juicio, el acto de escribir sugiere un dominio de competencias intelectuales, motrices, culturales y sociales que no pueden aislarse de los objetivos curriculares. Escribir representa más que el conocimiento de una serie de códigos; es un acto contínuo en el que se afianzan y desarrollan las potencialidades del estudiante. En consecuencia, escribir representa un proceso creativo y reflexivo.



REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
• Cassany y otros. ( ). Enseñar lengua.

• Figueroa, P. (2009). Escribir no es copiar. La enseñanza de la lengua escrita, una experiencia en aula. Brújula Pedagógica. El Nacional.

• Fraca, L.(2003). Pedagogía integradora en el aula. Los libros de El Nacional

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada